LA TEXTURA DE TU AUSENCIA

 


No sé en qué hora exacta 

el aire tenía sabor a vidrio 

y las paredes respiraban como animales dormidos.


Te vi pasar suavemente,

en la parte más húmeda del pensamiento.


Todo estaba ligeramente roto sin romperse.


Pero luego ocurrió algo: 

te sentaste en la esquina

como un cuerpo que no reconoce su forma.


Tu ausencia tenía textura de pan frío

y se deshacía entre los dedos.


Te busqué en lo cotidiano,

en el borde de una taza,

pero los relojes crecían hacia dentro,

sabían más que yo sobre tu desaparición.


Y entonces entendí, 

que quizás me enamoré sin haberlo sabido

por la forma en que yo inventaba tu presencia.


Porque el amor no ocurrió cuando estabas,

sino cuando dejaste de estar

y seguiste ocurriendo.


O cuando tu carne luminosa 

cayó dentro de mi oído.












No hay comentarios:

Publicar un comentario