No he visto tu rostro,
ni la luna cortando tu cabello
en las lámparas que flotan.
No he escuchado tu voz,
pero me rasgas
como un cuchillo de agua verde.
Cada gesto tuyo, invisible,
esculpe la forma de tu misterio.
Naces en la distancia,
como un dulce caído del sol.
Y yo nado a contracorriente,
porque los ríos suben hacia la luna
para encontrarte.

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