NUNCA FUIMOS



Soy yo quien se pudre 

en este manicomio verde, 

porque no veré tu dorada nieve.


Eras casi.

Siempre a punto de ser 

en la orilla de lo posible.


Y tú me heriste 

como hiere la luz 

en una habitación cerrada.


Pero hay una puerta en medio del aire 

y yo respiro detrás, sin hacer ruido.


Qué pálido es todo 

cuando el sol te inunda 

y la luz se retira 

como si respirara dentro de mi frente.


Es deshacerse en leche negra

clavada en la garganta.


Y ahora sólo me queda tu ausencia encendida, 

como un perro que se come su propia sombra.


Y te siento crujiente,

porque una fila de ciegos

aplaude la caída de tu nube.


No soy yo quien te piensa. 

Eres tú quien me está escribiendo 

desde un lugar donde las palabras ya no obedecen.


No te he perdido. 

Nada se pierde de lo que no fue poseído.


Simplemente, nunca fuimos.

















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