SERRANO SUÑER, EL DANDY

 





En un ascensor que baja hacia ninguna parte,

Ramón Serrano Suñer se ajusta el nudo de la corbata.

Al fondo, rígido y solemne como una estatua sumeria,

Adolf Hitler mastica cuadrados con gestos de piedra ensayada

y entre ambos crece una mesa interminable 

donde sirven y se comen mapas crudos.

Serrano despliega su abanico 

y baila el charlestón sobre la cabeza de Hitler,

quien exige colaboración con gesto pesado,

pero Serrano despliega su elegancia y lo convierte en humo educado;

vestido de Raquel Meller con una sacra peineta, 

le canta con gallardía "La Violetera".

Y Hitler aplaude y aplaude y cae derrotado sobre el sofá,

tapándose el rostro con su mano de piedra.

España... no participará en la guerra.

Serrano Suñer se dirige a los generales;

-Ustedes son maestros del arte militar...

pero mis zapatos brillan más que toda la espuma del mar.

Y los nazis con una lágrima surcada se inclinan ante su cortesía afilada.

"Yo os libré" dice Serrano, mientras un espejo le guiña el ojo

y le llama “Marqués de las sombras bien planchadas”.

"Yo os libré" dice a un ejército de maniquíes,

y ellos aplauden con manos de madera húmeda,

mientras Franco bosteza sellos de infarto.

A Madrid llegan las noticias;

España no irá a la guerra.

Que lo interpretes como quieras;

España, no irá a la guerra.

Y en su despacho, pausadamente, Serrano Suñer se abrocha los gemelos.

Es un dandy y su efigie huele a colonia y cuero

y su bigote peinado con escuadra y compás

rivaliza en simetría con el de Clark Gable

y sus modales son tan finos

que sus palabras se derriten como el más caro foiegras.

Serrano Suñer conversa largamente con un pez de mármol,

mientras Francia se derrite en su taza

y recuerda emocionado a sus hermanos fusilados.

"Yo os libré" recita 

y una multitud de sillas vacías aplaude,

quizás ya presintiendo aquellos que borrarán sus pasos, 

su elegante labor diplomática hasta el amaneramiento,

como una firma olvidada en el agua.

Pero no importa el olvido, porque Serrano Suñer es un dandy

y el Conde Ciano lo imita y envidia.

Porque el español lleva en la solapa un reloj sin horas,

y en los bolsillos, cartas perfumadas

que laten y saben a mandrágora.

Ah Serrano Suñer, a cuántas mujeres embarazaste, 

hasta quedarte encoñadisimo, cuñadisimo

del oleaje 

y la Iglesia puso el grifo en el cielo 

pidieron tu cabeza de plata 

y al final sin remedio tu cuñado te apeó del viaje tras construirle un estado 

y viviste cien años surcando la década de los ochenta en la Clave y otros documentales 

diciendo una y otra vez yo os libré

yo os libré 

como yo te libro ahora caballero dandy  follador del régimen 

y te digo que nadie hubo allí nunca

tan sabio y elegante.



















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