TARDE FRESCA

 


La lluvia ha enfriado el verano,

los pinos dejan caer sus peces verdes.


El aire fresco sabe a menta

y una nube cae despacio 

sobre mi boca.


Llueve sobre las ventanas,

sobre una silla vacía

que recuerda a alguien.


El sol se pone un sombrero de agua,

goteando los limoneros.

Es un olor fresco

capaz de encubrir el cadáver 

que hay debajo.


Una mosca golpea el cristal.

Otra vez.

Otra vez.

En la calle no pasa nadie.


Solo se escucha, a lo lejos,

algo que rueda sobre el agua.


Por fin, un melón atraviesa la plaza

montado en bicicleta.


Y yo con mis dedos fríos 

sigo buscando tu boca,

tus labios con sabor a melón.

Tratando de evitar el olor corrompido

del cuerpo abandonado.


Y me engaño creyendo 

que aún soy joven 

y que el verano será fresco como antaño.
















MINUTOS USADOS

 



Por la ventana un frío blanco

deja en la boca un sable

y aquel niño muerto juega en silencio

con los juguetes que aún recuerdo.


Yo lo veo en el espejo,

concentrado en su juego,

con su traje de vaquero 

llovía como llueven las voces.


Pero aquella casa no existe 

y ahora en la esquina

vendo minutos usados

mientras contemplo el último sol.


Todo ha crecido demasiado;

nada cabe por el agujero 

donde antes pasaban los sueños.