Anoche sembré un grillo en la arena
y un tren de cucharas atravesó
la pupila de una estatua.
Nadé por el techo
como si el cielo fuera un estanque
y en el sótano florecieron los paraguas.
Mis zapatos de vidrio
aprendieron a brillar en rojo
y caminé solo entre la multitud
recordando viejos escaparates ya olvidados.
Soy un coleccionista de recuerdos
y en un cajón lleno de relámpagos
guardo una foto tuya sin cabeza.

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